Mi querido héroe en prisión.

A veces me gustaría conocer a la reina, pero no para alabarla -como lo hace la mayoría de la gente de mi condición en el momento que tiene la "suerte" de "conocer" a la reina- yo sólo quiero conocerla con el simple objetivo de hacerle saber los errores que ha cometido, y los cuales nos mantiene condenados -a los de mi clase- en el olvido y la miseria.

Pero todo eso sólo es una fantasía, la cual nutro mientras estoy en mi trabajo de porquería -un mugre puesto de fish and chips, que saben peor que la misma suciedad-, mientras camino por las calles con un pedazo de pan duro, temeroso de un atraco, mientras tengo que andar en transporte público -que no es más que una miserable migaja a comparación de lo que la "bendita" reina nos prometió- e incluso me atrevo a decir que sigo alimentando de odio a ese pensamiento aún en mi más profundo sueño.

Todos esos pensamientos son prácticamente un desperdicio de energía, porque ¿quien se atrevería a decir, tan sólo una centésima parte de lo que pienso, en la cara de ella? ¿Quién le haría tal salvajada a una pobre mujer que ha sido elegida y tocada por Dios? Aunque debo decirlo, si yo fuera Dios ya la hubiera despedido de su cargo o en el momento de darme cuenta de del error que cometí me hubiera disparado entre los ojos sin pensarlo dos veces; pero no me gusta decir, pensar, ni jugar que soy Dios. No me gusta ser como la reina.

Sin ganas de vivir, todos los días me dirigí a una pradera, cerca de las vías del tren y espero a que el ensordecedor ruido de la locomotora ahogue mi doloroso sentir. Me recuesto en el pasto, sentimientos van y vienen; pienso en morir o vivir, pero ninguna de esas dos opciones me llama la atención, pues da igual, en las dos voy a ser miserable.

Mejor me voy a mi casa para llorar antes de dormir, llorar pensando en aquel joven de cabello arreglado y cepillado, que un bendito día tuvo el valor para acercarse a la  reina y decirle "ojalá se muera pronto, y así todo el reino se pueda librar de un parásito como usted"; por lo cual fue encarcelado 15 años. Yo sólo vivo con la esperanza de que, algún día, aquel joven sepa mi nombre, que reconozca mi rostro... poder ser el amigo de mi querido héroe.

Despierto y tengo que ir de nuevo a mi trabajo, mientras en el camino -aburrido, monótono y todas esas cosas que ya he mencionado y no quiero volver a mencionar- pensaba en mis deseos de la noche anterior, ser amigo de mi heróe, decidido tome mi pedazo de pan duro y me dispuse a asaltar una tiemda para robar un poco de leche y así saciaría dos necesidades, la primera, el hambre que me atormentaba y la segunda, me encontraría con mi querido héroe en la prisión.
En fin, dejo de sentirme mal por haber hurtado en el momento cuando pienso en todo lo que la reina nos ha robado.

Este cuento lo escribí hace dos años, tiene fecha de entrega (como trabajo escolar) el 17 de abril del 2015.

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