La importancia de saber que ocurrirá algún día.
Un septiembre, un hombre llamado Hans, que era
un jardinero muy querido y respetado por todos caminaba por su jardín, recordó
que su amigo Bernard, el cual tenía una tienda, le regalaría una bicicleta
nueva para poder ir a vender sus flores a los demás pueblos, al ir caminando
por las calles y saludando a todas las personas con las que se encontraba
encontró un canasto, estuvo mucho tiempo esperando a ver si alguien llegaba a
recogerlo, pues su buena reputación se la había ganado por ser una persona
honesta y sin ánimos de ganar nada a costa de los demás, hasta por poco olvida
ir a recoger la bicicleta con su amigo Bernard, pero no lo olvido, fue, la
recogió y le agradeció ser un amigo muy bondadoso que da favores sin esperar
nada a cambio.
Después de disfrutar un refresco con el tendero
fue de nuevo al lugar de la canasta misteriosa, al ya haber pasado más de cinco
horas se decidió y fue a ver que contenía: una niña.
A la niña la acompañaba un letrero
que decía la siguiente leyenda.
“Qué
esta niña fea sea una señal de donde el amor
de los
locos amantes debe tener un límite”.
A él, cuyo corazón era muy
bondadoso, no espero más y abrazo a la niña. –Oh, pequeña niña, tan fea, tan
fea, por favor, abrázame –. Pensó que llamarla simplemente como “Niña fea” no
sería conveniente, así que le puso un nombre más amigable: Anna.
Ella creció al cuidado de Hans, al
contrario de lo que dictaba la nota que se encontraba en la canasta donde fue
encontrada, al crecer se convirtió en una niña bonita.
Hans le proporciono lo mejor que le
podía dar a Anna, bonitos juguetes, la comida más deliciosa, en fin, no le
faltaba nada, y el segundo en saberlo era yo, al quien le contaba todo.
Un día caminábamos, en mayo, por la
playa, iría a estudiar a Inglaterra, debíamos decirnos “hasta luego” paseando
por todos los lugares lindos de su ciudad, y recordábamos aquel día cuando
dejamos las mochilas en un banco y nos las robaron.
Nos costaba caminar, pues la arena
mojada hacia más pesado nuestro andar. Pero antes de retirarnos renunciamos a
la tristeza, le dijimos que se fuera, que sintiera el daño que nos hacía, que
sintiera como su corazón se congela, mientras decíamos nuestra declaración de
odio a la tristeza, y por consecuencia a aquellos lunes azules, un extraño
polvo caía en nuestras manos y en nuestras caras. Lo consideramos como un sí.
Con la tristeza todos los días se
sentían como si fueran un domingo, sin importar que fuera jueves o viernes; ese
día era un sábado. Mejor decidimos ir a tomar un té sin sabor, o como decía
Steven, un té grasiento. Ella me decía que la soledad la haría sentir más
triste, que ella igual quería salir de esa ciudad que olvidaron bombardear, que
el Armagedón ha olvidado visitar.
-Sé que te ocurrirá algún día, a ti
–. Decía buscando más palabras dentro de mí, aunque era muy difícil –. Dices
que aquel día que nunca llegara y que nunca lo habías visto tan lejos, aun así,
yo creo que te sucederá algún día, por favor espera, no pierdas la fe.
-No, no la perderé –. Respondía al
lanzar la pelota en el juego, la pelota cayo en el premio máximo, el cual
consistía en una charola barata.
•••
No
pierdas la fe.
•••
Después de haberme ido, el noviembre siguiente,
ella fue al centro comercial, para comprar ropa y ver que se sentía ser
pretenciosa como las chicas ordinarias, que son felices con nada, pero se le
olvido la idea en el camino, así que fue viendo en cada aparador, aun cuando lo
que se vendía no fuera de su interés ponía atención a todos los detalles.
Veía las corbatas en las tiendas de trajes con
el mismo interés que los estéreos en la tienda de electrónica o que a los
vinilos que volvían a estar de moda en la tienda de discos, mientras pensaba en
lo injusto que es la vida para los cassetts que no han sido recordados como a
sus hermanos mayores los vinilos se encontró con una tienda a la cual también
le presto importancia, pero con una importancia negativa…
Era una tienda de mascotas, había desde
mascotas “ordinarias” hasta mascotas “exóticas”, pero eso no le llamo la
atención a Anna, había tanto niños como gente adulta intentando jugar con
ellos, haciéndoles caras o tocando el cristal para que notaran su presencia.
Decían “aww” o “¡qué tierno!” cuando en realidad ellos querían ser libres,
sufrían, lloraban por dentro.
•••
Y si
la gente nos mira, entonces que nos miren
fijamente,
este
amor es diferente, porque somos nosotros.
•••
Al intentar sentarse en una banca abrió su
panorama, había, desgraciadamente, una carnicería junto a la peculiar tienda. Miro la foto de la vaca, que
probablemente ya está muerta, que colgaba en la carnicería y al pequeño perro
de la tienda, que probablemente en muy poco tiempo igual muera gracias al
hombre, que luchaba por sostenerse en sus patas y en su mente les decía:
“Pequeño
animal, corre rápido si puedes, la buena gente quiere matarte y tu vida ni
siquiera ha comenzado, eres
igual a mí… ¡y tu vida ni siquiera comenzado!
Puedo
ver cómo la gente mala prospera a costa de los que son como nosotros…”
Con tristeza decidió irse a su casa, con ganas
de golpear todo, de golpear en la cara al dueño de la tienda, a las personas
que estaban ahí observando, pero eso la hizo más triste, pues la gente no
entendería, nunca.
Al menos sabía que contaba conmigo, ambos viviríamos,
el resto de nuestras vidas como probablemente moriremos: solos. Juntos pero
compartiendo nuestra soledad.
Ella decía siempre pensar profundamente en
todo, a veces eso era bueno, a veces malo todo dependía de su estado de humor,
decía “Necesito alguien que me ayude a dejar de pensar tan profundamente, tan
sombríamente, tan profundamente sobre todo, alguien que me detenga, por favor”.
Ese “alguien” era yo. Y lo que hacíamos para
dejar de pensar ambos tan profundamente era algo tan sencillo, conversar
francamente, nuestras conversaciones duraban horas.
•••
Yo fui
quien que te compro, yo fui quien te detuvo,
pues
en mi triste manera yo te amo.
•••
Esa noche de noviembre, Hans llego a la casa,
encontró a Anna llorando, él pensaba preguntar qué le pasaba, pero ella fue más
rápida y antes de que él dijera algo ella dijo “Tú me has cuidado, por favor,
sálvame de la compasión, simpatía y de los idiotas que hablan de mí”.
Hans se acercó a ella y le dijo “Pobre niña,
tan fea, pobre niña, abrázame”
Ella sabía la historia de cómo Hans la
encontró, así que pensó que esas palabras fueron para consolarla y por eso
accedió al abrazo.
Ella se acomodó en el sillón para seguir
llorando, mientras tanto había escuchado a Hans hablar por teléfono,
probablemente con su gran amigo Bernard, y decir que “el día esperado había
llegado”, Anna comenzó a fantasear con que aquel día que tanto esperaba ella –y
también yo, pues su alegría era también mía –, había llegado. Así que toda la
espera había servido, se sintió recompensada por haber conservado la fe.
Se ilusiono, ¿habrá sido bueno o malo?, no lo
sé, solo sé que se cambió de ropa, se puso un vestido floreado, se limpió las
lágrimas de los ojos para poder recibir la ansiada noticia en voz de su
protector, Hans.
•••
Podemos
ir a donde queramos, todo depende de lo cerca que estés de mí.
•••
-¡Desnúdate! –grito Hans mientras
entraba al cuarto con un chichillo en la mano
Anna se quedó paralizada, él al no
obtener respuesta comenzó a cortarle su hermoso vestido floreado, las lágrimas
brotaron de nuevo del rostro de ella.
-No, ¡no! -, fue lo único que ella
pudo decir, ella pensaba que Hans la violaría, pero no, lo único que quería era
su carne… para comer.
•••
Una
muerte sin razón, y una muerte sin razón es asesinato.
¿Has
escuchado como lloran los animales?
•••
Ella ya no sabía qué hacer, solo gritaba
“¡No!”, esa sería su única defensa en una batalla contra la crueldad.
-¿Por
qué no? –él le reclamo a gritos -, yo te he cuidado, me perteneces, por algo te
daba de comer y todas las comodidades que gozabas, hasta el día de hoy; ahora,
aunque creo que tarde 16 años esperando demasiado, debo de cobrar todo lo que
he invertido en ti.
Ana gritaba “¡No, no, no!”, negaba con la
cabeza, con su dedo daba a saber que su respuesta era un no, ¡todo en su cuerpo
indicaba que no!
El cuchillo filoso se acercaba cada segundo
más, los gritos de Anna podrían ser los del ganado.
Corto donde más pudo, no, Hans no quería
violarla, quería su sangre, su carne.
La corto con la misma sonrisa con la cual
cortan a un pobre becerro. Lo cual es asesinato.
La rebano tan festivamente como rebanan a un
pavo. Lo cual es asesinato.
¿Sabes cómo mueren los animales?
•••
Así
que el pequeño Hans seguía trabajando para el Molinero, y el Molinero seguía
diciendo cosas hermosas sobre
la amistad
•••
Nada más queda por añadir. Una terrible día
soleado llegue para acompañar a Steven, que me había dado la terrible noticia y
ese mismo día soleado atravesamos las puertas del cementerio. Steven y su amigo
Oscar, íbamos a enterrar los restos que recuperaron de Anna.
Depositamos sus restos, le pusimos flores y
acomodamos su lecho, lo dejamos tan lindo, como ella lo merecía.
En el recorrido hacía la salida leíamos las
lapidas de todas esas personas y esas vidas ¿dónde están ahora? con amores, con
odios y pasiones igual que yo. Nacieron, luego vivieron y luego murieron. Algo
que me parece tan injusto y me hace llorar.
•••
Nunca
volverás a mis brazos, porque te has ido…
Adiós.
•••

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